Serena Alborada (letras al rescate)
Nació a seis mil millas de Corea
un día en que aquellas dos mitades
de un país roto
celebraban la Independencia
Un domingo, viajando por el Rastro,
se vio ante un papiro
Las letras eran águilas, leones
En busca de otros cuentos,
en busca de otros mundos,
viajaba por su cuarto
Conoció jeroglíficos de polvo,
continentes y selvas en sus sueños,
mares de nombres nuevos que bañaban
los márgenes de los cuadernos
de la escuela
Era la luz mágica de la esfera
como salvamento
sueños de Kamchatka, Mar de Bering
Transcurrieron los años
Conoció continentes que fluían
Estudió las entrañas del planeta,
del agua los caprichos
Hasta que, en un giro del camino,
sus pasos lo llevaron hasta Alboria
Allí aprendió unas letras que se amontonaban,
cajitas consonantes que evocaban
místicos templos sembrados en los montes
En una ratonera de Neonia,
también Seúl llamada,
pasó un año sin que un día, sin que una hora
faltaran los encuentros, las sorpresas,
nuevos libros, aromas y sabores
Lo hechizaron rezos de madrugada,
danzas y rituales chamánicos,
el tótem a la entrada de la aldea
Y vio que las culturas de los pueblos
son capas de barniz bajo las cuales
las madres y las gentes son las mismas
La tierra de Dangun y el monte Bektu
lo arrulló y la madre de un amigo
cuidándolo y pendiente
mientras la Feli, en Celtiberia,
acogía a amigues coreanes
Y así pasó aquel año, desiertos los bolsillos,
pero con mil historias, encuentros y un rechoncho
diccionario siempre encima, descifrando
letra china en las tripas de Neonia,
estudiando a las dos de la mañana
preparando las clases de su lengua
que impartía en aquel Seúl de nieves
La Serena Alborada es una tierra
que le brindó una vida a aquel joven
Sobre el suelo caliente en que dormía
se fue haciendo su oído
a la lengua de Alboria
Un día, al despertar, le habían puesto
corbata y maletín, fue dando saltos
por nodos de Corea aquí en Castilla
Pero vino a cruzarse en su camino
una nueva aventura, con fantasmas
y barcos de otros siglos, con princesas,
relatos que querían llegar lejos
pasando por sus manos, ser transcritos
a la lengua nativa de su infancia
Y, vuelto trujamán, viajó por mundos
que no se imaginaba allá en Alboria,
en los libros halló nuevos paisajes
conoció vericuetos de lo humano
En un ir y venir de mil historias,
encontró un rinconcito literario
que publicaba sueños de Corea,
donde una compañera, con audacia,
navegaba tenaz contracorriente
Y pensó que en aquella biblioteca,
llena de torrecitas y dibujos,
de jeroglíficos misterios,
podría ya instalarse para siempre
Lo acogió la biblioteca coreana,
se hizo un rinconcito de trabajo,
mas salió por sus hierbas curativas
y, a su regreso, aquel rincón y todos
estaban ocupados, ya no había
libros que traducir al castellano
Y no hay «plazas con discapacidad»
en el mundo de los libros,
les lectores quedaron sin sus textos,
que, según habían dicho, les gustaban
Mas las letras vinieron
de nuevo en su rescate,
lo abrazaron ideogramas
de tierras de dragones,
conoció el baybayin
con sus trazos floridos
e incluso el chosongul,
desde la otra mitad de Alboria,
esa que dicen que no existe,
llegó para traerle nuevos retos
Y así va construyéndose rincones
para seguir trayendo retazos del Oriente
Por mucho que los libros colonicen,
siempre habrá otros para seguir soñando
2025
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