Coreosidades (sobre la traducción)

 

Un nido de papel se abre en mis manos 

y, en códigos zen nacidas, pequeñas aves,

con sus colas terminadas

en ta, en ne, en irirá, engrandecidas,

alzan el vuelo, me llevan a jardines

remotos y hay hechizos de mudang

que invocan los tokebi

a las puertas de templos florecidos

En estanques de loto y en los montes

envueltos en la niebla, la nostalgia 

es canto de dos cuerdas (hegum, 해금) y me arrastran

estrofa abajo, hacia esas tinieblas

que discurren por dieciséis infiernos



Y todo ese dolor de un pueblo dividido

hecho verso en chabolas, en mudas torres,

debo llevarlos, siguiendo un mapa de medio palmo

de grosor, hasta tierras del Quijote, de Macondo,  

donde cobren nueva vida, 

donde pueda le lectore

hacer el mismo viaje en sentido inverso,

arrojándose a un abismo llamado Cielo, 

y pueda conocer el sabor del jang 

-del kochu, que arde, del duen, que acaricia-

y se funda el espíritu del vino

de arroz (makkoli) con oníricas canciones

en una aldea siempre custodiada

por la triste sonrisa de los tótems, 

donde pueda bailar un rato al son del samul nori,

ataviade de ramio, 

con zuecos de cáñamo, girando

al compás del kang kang sul le 

y quede para siempre la impronta de Corea 

en su visión de este cosmos 

tan hecho añicos 



Presentado en el VII Congreso Internacional de Metapoesía, Madrid, 2024

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