Rosen de Seúl, Luis de La Mancha (2)

 

Nueva portada de la historia en coreano


En el segundo capítulo de la aventura coreana manchega, Rosen (Rosa) habla de la riqueza en matices de la lengua coreana. 
Además de transportarme a tiempos añorados, estos textos me están sirviendo para recordar los contenidos de las clases, olvidados hace años... 






Imagen del capítulo 2 en coreano



La flor del coreano


   Habían pasado dos semanas desde que Luis solicitó las clases y aún no aparecía nadie para dárselas. Como me había comprometido a las dos semanas, pensé que, aunque fuera, debería empezar yo. Ya conocía bien el coreano, por lo que no había problema. También hablaba bien el inglés, como es normal en Europa. Como me había dicho que estaba siguiendo el programa regular de coreano en la universidad, pensé que estaría bien enseñarle contenidos que no vinieran en los libros, cosas que usáramos cotidianamente ls coreans. Personalmente, me parece que nuestra lengua brilla más cuando es hablada, como es el caso de las palabras que simbolizan sonidos. En especial, el tono en función del cambio silábico, las diferencias de matices, son rasgos distintivos del coreano donde los haya. Es como el mejor plato del mejor restaurante. 

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El agua discurre chol chol (con un murmullo): Eso parece. 
El agua discurre chul chul (sin parar): Hay que hacer algo. 
Se está poniendo el Sol, está kam kam (algo oscuro, oscureciendo una tarde de verano). Se está poniendo el Sol, está kom kom (muy oscuro, oscuridad de una tarde de invierno). 
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   Un simple cambio de vocal hizo que Luis exclamara como asombrado. Le dije que, al pronunciarlas, para preservar el tono de las palabras, chol chol era breve y rápido, chul chul con voz más baja y despacio. Luis sonrió: "qué interesante...". Y era normal. No sé en otras lenguas, pero el las onomatopeyas del coreano son interesantes. Cuanto más se sigue el ritmo al pronunciar, más real resulta. Para explicarlo, es más fácil comenzar la diferencia de connotación entre A Ya O Yo (vocales de valor "yang") y "Ô Yô U Yu" (vocales "yin"). Las "yang" dan una sensación "clara, brillante, ligera"; las "ying", "nublada, oscura, pesada". Luis tenía oído para los idiomas; podíamos avanzar. 


Noratda y nuratda: ¿el mismo color?


   Noratda es yellow en inglés. "Entonces, ¿nuratda?" También amarillo. Pero en coreano noradta y nuradta (노랗다, 누랗다) son dos colores totalmente distintos. De noradta, provienen noruda, norusurumhada, norumurehada, norukehada, norudhada... No seguí; él ya entendió la idea. Él, un español de nombre Luis. Me hizo gracia la situación. Él también rió, no quería parar. Dándole la vuelta a las vocales, tenemos nuradta, nuruda, nurusurumhada, nurukehada, nurudhada. "¿Es todo?", preguntó, sin dejar de sonreir. "Qué va, queda nurukirihada". No llegamos al sednoradta. "Ja, ja, ja". 

   No soy lingüista, pero no sé si en otro idioma habrá tanta variedad de sensaciones. Lo que está claro es que no es algo común. Yo no llegué a hablar de la Historia del coreano, de su parte filosófica de una lengua que produce sensaciones tan precisas y detalladas (también lo estaba descubriendo entonces); la reacción de Luis fue decir que en aquellas palabras parecía haber algo filosófico. "Ostras, ¿podrán leer la mente ests extranjers a ls que enseño? ¿Cómo sabe que yo estaba pensando en la filosofía...?

   Para el final de su primera clase, Luis, venido de la Península Ibérica, abrió su cuaderno, decía que tenía algo para mí. Entre las páginas de aquel cuaderno grande, había inserta una postal que parecía una escena del Quijote. Con Cervantes sentado al fondo, Sancho, Rocinante, Don Quijote, como encaminados quién sabe adónde. Luis dijo que yo era la primera persona en comentar el nombre de Don Quijote en su dirección de correo ("Sí, me llamó la atención..."). Y encima un descendiente de Don Quijote...una vida desconocida pero que aquel día estaba frente a frente con la mía. Entonces...

   Como recuerdo de aquel día en que me dio la postal, le puse un acertijo; para ello, me recosté de lado en el sofá. Luis rió: "¡Goya!", exclama, mirándome con cara de sorpresa. "¿Conoce a Goya?" Por entonces, yo daba clases para los exámenes de acceso a la universidad, y si algo distingue esa profesión en la Rep. de Corea es que saben de muchas cosas. Conocen muchos temas de forma somera y amplia. Conocer a Goya y esas cosas no era nada del otro mundo. Solo desconocía el detalle de que aquel cuadro estuviera en Madrid, la ciudad de Luis. 

   




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