Rosen de Seúl, Luis de la Mancha (1)

   Cómo han cambiado las cosas...

... desde aquella tarde, cuando llegué a aquel café de intercambio lingüístico junto al campus de Ehwa, desde que Rosen me adoptó en aquella Neonia sin tiempo, sin pausa, con alas... y comenzó una amistad que ya tiene más de veinte años. Desde aquellos días donde todo era nuevo y sin contornos definidos, donde aún existía la sorpresa y derretía las nieves de Seúl aquel calor de la amistad. 


     Leo ahora Luis de la Mancha (라 만차의 루이스), su historia de aquellos días, publicada por entregas en su blog, aquella historia de la profesora de coreano que usaba el nombre del físico que, junto con Einstein, descubrió el puente cósmico llamado agujero de gusano, interesada en la literatura hispanoamericana, del estudiante de coreano que enseñaba español en una pequeña academia. Y no puedo dejar de traducirlo. Si en mí hay un traductor, nació precisamente en aquellos años. 

    


Enlace a la serie en coreano: 






En este primer capítulo, Rosen narra nuestro primer encuentro. La foto la haría años después, durante una visita juntxs a tierras manchegas. 

cap. 1) Descendiente de Don Quijote












La poesía me encontró 
de Poema, Pablo Neruda


Luis, español, madrileño 



   Conocí a mi segundo alumno extranjero en diciembre de 2003, cuando yo enseñaba coreano en un grupo, dos semanas después de que el neoyorquino Molder regresara a su ciudad, en la que decía que había muy pocos teléfonos móviles y el Internet no iba bien, pero que era el centro del mundo. Un foráneo que vestía de rojo, como si persistiera en él aquel fervor de los Diablos Rojos en el mundial de 2002. Lo conocí cuando vino con un amigo local a inscribirse a la clase de coreano de los sábados. Solo yo hacía las pruebas a lxs principiantes. Luis, de Madrid, España, ya tenía un buen nivel, no tuvo problema en entenderme y responder a mis preguntas. Estaba en un nivel diferente de aquel otro estudiante que estuvo un tiempo pensando lo que significaba onje (cuándo). No en vano, ya iba a clases de coreano intermedio en cierta universidad de Seúl. Sorprendida de que ya hubiera estudiado tanto, no pude detener la conversación mientras pensaba en qué imagen tenía sobre aquel país, España, la imagen de los futbolistas durante el mundial del año anterior, aquellas emociones desbordadas, la ciudad de Madrid reflejada en novelas, en películas... Era casi un encuentro con lo desconocido. 

   Un español desconocido que ya había adquirido un nivel intermedio de coreano estudiando por su cuenta y, según me dijo, se había apuntado a coreano en aquel café de intercambio lingüístico porque necesitaba conversación. ("Ah, ya veo."). Resultaba intenso como el color de la chaqueta roja que llevaba aquel día. En comparación con Molder, que acababa de pasar el nivel inicial y con quien yo mantenía diálogos imprecisos, me resultó curioso el nivel de Luis. Me pregunté cuándo, dónde, cómo, de quién habría aprendido. 


Que si conozco El Quijote

Me apunté su número y, cuando me dijo su correo electrónico...contenía las palabras Sancho y Quijote, una extraña asociación de nombres que yo había oído mucho en alguna parte... Cuando me deletreó el nombre Quijote, me sentí un poco confusa. Me pregunté por qué la Q se escribía q en minúscula, una forma tan distinta, a diferencia de otras letras. Por otra parte, desde la rigidez de no conocer el alfabeto latino en otra lengua más que el inglés, me chocó la pronunciación de la sílaba "jo". Yo pensaba que sería "ho" (con h aspirada). En Europa, la j sonaba parecido a la letra coreana ㅇ. Surcaron mi mente varios pensamientos, pero no dije nada y solo tras mirar varias veces la escritura recordé aquel nombre. Le pregunté si Quijote, con aquella pronunciación española, no era el nombre de Don Quijote (돈 키호테). "¡Así es!"- se le iluminó el rostro y sonrió más que antes, fue como si nos conociéramos de mucho tiempo. Entonces me preguntó si conocía El Quijote. 


¿Que si lo conocía? No sabía a qué se dedicaba, pero conocía el título de la novela.
Le respondí "creo que en Corea nadie desconoce ese nombre." El Quijote de Cervantes, un libro que, en edición infantil, tenemos que leer obligatoriamente a una edad a la que aún no distinguimos qué parte es el título y qué parte el autor. Un nombre que en coreano había cambiado de 동키호테 a 돈키호테 y después a 돈 키호테. Si alguien estudiara la evolución del nombre, quizás podrían sacar también conclusiones sobre los cambios sociales. La generación anterior a la mía sigue conociendo el nombre con cuatro sílabas, en su primera versión. En mi caso, además de tener cierto interés personalmente en la literatura latinoamericana, también había tenido la oportunidad de conocer la historia del nombre y corregir los errores en la asignatura de literatura durante mis estudios. Sabía que el "Don" es indicador de posición social, que el "Quijote" no era el nombre original del protagonista, sino un apodo. 


   Me pareció que Luis quería continuar la conversación. Yo tenía el recuerdo de haber leído solo el primer capítulo, pero un capítulo era suficiente para decirle "Sé que Sancho es el escudero de Don Quijote", lo que suscitó en Luis una sonrisa aún más amplia. Cuando le hice notar que me resultaba interesante que hubiera elegido aquel nombre para su correo, él, sin prestar atención a mis palabras, continuó entusiasmado preguntándome si conocía también el nombre del caballo. Al verlo esperando mi respuesta, y por extraño que parezca, acudió a mi memoria un nombre: "Algo de Ro..."- Él me dijo que era Rocinante. Mi imagen del Quijote era el del protagonista a caballo en su aventura contra los molinos y junto a él Sancho, ataviado con una especie de capa. 

   Me dijo que yo sabía mucho sobre España. Como si unx supiera mucho de un país por conocer el nombre del protagonista de una novela... (como decir que un extranjero lo sabe todo de Corea porque conoce a Chun´hyang, a Bang´ja y a Li Do´ryong...). Pero su reacción era de alegría y parecía querer prolongar la conversación. "Y el nombre de la amada de Don Quijote?". Fue entonces cuando yo, fingiendo no oírlo, lo interrumpí y zanjé la conversación: "Tardaremos unas dos semanas en elegir quién te dará la clase, vente por esos días". Y así terminé el primer puzzle de aquel Luis, llegado de tierras desconocidas. Mira que preguntarme no ya por el título de la novela sino por el nombre de lxs protagonistas... Se mostró un poco apenado de que terminara la conversación, pero en aquel momento cambió el rumbo. 
    El encuentro me resultó interesante. Mirando su dirección de correo electrónico,  creo que me dio por pensar en ponerme en el mío algo como "bangja_leemongryong", sin otro motivo que lo magnífico que me pareció su orgullo por su lengua materna, su admiración por Cervantes. A mí no me gustaba preguntar por su vida privada a lxs extranjerxs la primera vez que lxs veía, me quedé con la curiosidad de si aquel madrileño habría estudiado literatura. 


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