narrativa norcoreana- ecología- 🇰🇵📚🌳🌲 La segunda despedida

¿Cómo se reflejan en la literatura norcoreana reciente los temas de medio ambiente y ecología?

Seguimos con las traducciones-resumen de los relatos norcoreanos comentados en el ensayo de Oh Chang-ûn, concretamente con los de temática ecológica y medioambiental, con el artículo sobre la obra La segunda despedida (13 páginas), de Kim Hyang-sun, publicada en la revista literaria norcoreana Choson Munhak en 2016 (출처: 김향순의 단편소설 [두 번째 작별], 조선문학, 2016년, 13 p.)

A raíz del periodo conocido como Marcha Ardua (1), el deterioro de los bosques de la RPDC produjo una reacción en cadena. Se debilitó la capacidad de absorber inundaciones, cayó también la capacidad de almacenamiento de agua, lo que hizo el terreno más vulnerable a la sequía, mermando a su vez la producción agrícola y originando una hambruna estructural.
Siguiendo las directrices del Partido, se llevaron a cabo proyectos de reforestación.

La segunda despedida, de Kim Hang-sun, habla de algunas de las causas que llevaron a la gran deforestación.
La obra, narrada en primera persona por uno de los personajes, un periodista, cuenta cómo este, a su regreso a Pyongyang tras un trabajo de documentación en el terreno, recibe de su tía la petición de que acuda a la oficina regional de control forestal donde ella trabaja, a fin de escribir un artículo sobre dicha oficina, ubicada en un pueblo con minas de carbón. Cuando el periodista llega al pueblo, lo encuentra desolado, por todas partes montes pelados a causa de la tala indiscriminada. Por otra parte, asistimos a una discrepancia entre el director de la oficina forestal y la tía, encargada del equipo de gestión de las semillas, en torno a qué árboles deben plantar. Con este conflicto, la situación que encuentra el periodista y narrador no es, en absoluto, propia de una oficina forestal ejemplar y digna de un artículo. El periodista decide marchar enseguida, pero en aquella región, a más de mil metros sobre el nivel del mar, encuentra un bosque de alerces y, abrazando una pequeña esperanza, sube al monte. Entonces descubrirá que es el director quien ha plantado los árboles por su cuenta y la historia llega a un punto de inflexión. El director se desvela como un héroe oculto y queda expuesta la actitud egocéntrica de la tía. El director, de apellido Cho, es un personaje muy dedicado y comprometido. Para cuidar los alerces y pinos, no cederá en sus planteamientos. El autor nos muestra que alguna vez ha tenido conflictos derivados de su posición estricta respecto a su defensa de los árboles. Cuando el periodista y narrador, plantando árboles junto con el director, conoce el pasado de este, va sintiendo una progresiva atracción por él en el aspecto humano. En su juventud, el director también contribuyó una vez a la degradación del monte por priorizar los logros productivos cuando trabajaba al frente de una mina de carbón. La tala excesiva debilitó el suelo, originando desprendimientos de ladera y llegó a derrumbarse la entrada de la mina, lo cual, incluso, le supuso consecuencias legales por haber originado aquella situación. El abuelo del narrador -padre de su tía-, por entonces supervisor forestal, perdió la vida en aquel desastre. A raíz de aquella pérdida, quedó en la familia, como un tesoro, un Certificado de Sacrificio por el Socialismo y la Patria, y se entabló una relación especial entre la tía y el director, relación que ahora, por el contrario, se estaba deteriorando a causa del choque entre el egoísmo de aquella y el apego a los principios de este. La tía, desde su posición al cargo de las semillas, quiere plantar maíz en la tierra buena para obtener un beneficio personal. El director Cho está tan entregado a la producción de plantones de árboles que hace de su huerto particular un semillero. Cho, que en el pasado causó la destrucción de un monte, se convierte en protector del bosque y la tía, perteneciente a una familia que posee un Certificado de Sacrificio por el Socialismo y la Patria, pasa a ser quien daña el bosque, llegando incluso a servirse del prestigio de su sobrino, un reputado periodista de Pyongyang, para pedirle que documente el trabajo a fin de que el director le siga encargando a ella el trabajo de responsable de las semillas. Aprovechando esta posición, la tía pretende lucrarse indefinidamente con la tierra productiva que hay en el monte. Para el autor del ensayo, el interés de este relato radica en que escapa a la influencia del optimismo revolucionario que, según él, es la norma en toda la narrativa norcoreana, con una perspectiva siempre positiva, mostrando más las luces del presente que las sombras del pasado, resaltando un futuro optimista y no mostrando las realidades negativas. La segunda despedida muestra claramente cómo una de las causas de la devastación del monte fue la tala indiscriminada para la minería del carbón. Según estudios surcoreanos, las causas radican, entre otras, en la tala indiscriminada de árboles para calefacción debida a la falta de energía, la ampliación indiscriminada de las tierras de cultivo debida a la falta de alimento, la ganancia excesiva de divisa extranjera a través de la deforestación y el debilitamiento del control estatal, lo cual puede estar reflejado en la actitud egoísta de la tía en este relato, buscando siempre su propio beneficio. El autor del artículo encuentra en esta obra una crítica al extractivismo y al productivismo, al oportunismo y búsqueda del beneficio propio y a la expansión de las tierras de cultivo como causantes de la devastación de los bosques.
1. Marcha Ardua (고난의 행군), 1994-1998, periodo de la historia norcoreana marcado por la hambruna, causada, entre otros factores, por una concentración de inundaciones, sequías y la caída de otros países del campo socialista.

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