Adong Munhak 아동문학
Traducimos cuentos breves del nº 10 de 2019 (año Juche 108) de la revista literaria infantil norcoreana Adong Munhak (아동문학).
Canciones de mi pueblo
por Kim Chol
La flor más hermosa
Cada mañana, con mi macuto (mochila)
color azul intenso
de camino a la escuela
me dice mi papá:
"Oye, qué bonita tu mochila de pino".
Todas las tardes, de regreso a casa
mi mamá, sonriendo, me dice:
"Oye, qué hermoso tu nuevo uniforme."
Riendo, "jo, jo, jo", mi abuelito, sentado en la piedra a la entrada de casa,
me dice:
"Mira, toda la casa se ilumina.
El amor de nuestro General te ha vuelto
la flor más hermosa del mundo."
Mi pueblo, lleno de sueños
꿈많은 내 고향
En el cerro, donde florecen el diente de león
la granja, los campos
por qué mi pecho
siempre se expande
Ese hombre esbelto
brom, brom, conduce su tractor (뜨락또르)
¿podrá arar
esos campos tan vastos?
En esos campos verdes
por donde estuvo el General
¿no podré cultivar yo
esas espigas del arroz, tan grandes como puños?
Los nuevos conocimientos se van asentando
ese sudor valioso que discurre
se vuelve fruto en el Hwang Kum San (monte de oro) de mi pueblo
se hace espigas doradas
en esos campos vastos y de oro
Ay, en mi pecho, lleno de sueños
ese porvenir dichoso que el General nos dio
todo el tiempo, todo el tiempo
viene como el oleaje
Dichos coreanos
A los cuarenta, los primeros boson*
갓 마흔에 첫버선
A través de la comparación con alguien que usa sus primeros boson a los cuarenta años, se usa cuando algo bueno llega muy tarde, a destiempo.
* par de medias tradicionales que acompañan al hanbok, la indumentaria tradicional de Corea (nota de traducción)
De gad* y corbata
갓쓰고 넥타이매기
Ponerse algo que se usaba antiguamente y una prenda actual, como una corbata. Se usa cuando alguien lleva distintas prendas que no combinan.
* Sombrero usado antiguamente en Corea, hecho de bambú y crines de caballo (nota de traducción)
Canciones de mi pueblo
por Kim Chol
La flor más hermosa
Cada mañana, con mi macuto (mochila)
color azul intenso
de camino a la escuela
me dice mi papá:
"Oye, qué bonita tu mochila de pino".
Todas las tardes, de regreso a casa
mi mamá, sonriendo, me dice:
"Oye, qué hermoso tu nuevo uniforme."
Riendo, "jo, jo, jo", mi abuelito, sentado en la piedra a la entrada de casa,
me dice:
"Mira, toda la casa se ilumina.
El amor de nuestro General te ha vuelto
la flor más hermosa del mundo."
Mi pueblo, lleno de sueños
꿈많은 내 고향
En el cerro, donde florecen el diente de león
la granja, los campos
por qué mi pecho
siempre se expande
Ese hombre esbelto
brom, brom, conduce su tractor (뜨락또르)
¿podrá arar
esos campos tan vastos?
En esos campos verdes
por donde estuvo el General
¿no podré cultivar yo
esas espigas del arroz, tan grandes como puños?
Los nuevos conocimientos se van asentando
ese sudor valioso que discurre
se vuelve fruto en el Hwang Kum San (monte de oro) de mi pueblo
se hace espigas doradas
en esos campos vastos y de oro
Ay, en mi pecho, lleno de sueños
ese porvenir dichoso que el General nos dio
todo el tiempo, todo el tiempo
viene como el oleaje
Dichos coreanos
A los cuarenta, los primeros boson*
갓 마흔에 첫버선
A través de la comparación con alguien que usa sus primeros boson a los cuarenta años, se usa cuando algo bueno llega muy tarde, a destiempo.
* par de medias tradicionales que acompañan al hanbok, la indumentaria tradicional de Corea (nota de traducción)
De gad* y corbata
갓쓰고 넥타이매기
Ponerse algo que se usaba antiguamente y una prenda actual, como una corbata. Se usa cuando alguien lleva distintas prendas que no combinan.
* Sombrero usado antiguamente en Corea, hecho de bambú y crines de caballo (nota de traducción)
fábula
El zorro que cayó en su propia trampa
de Kang Song Il
En un valle profundo, muy profundo, donde apenas llegaba la luz de la Luna y de las estrellas, vivía un viejo zorro que no quería atender a sus cachorros ni a la anciana zorra, por eso se había escapado bien lejos y había quedado solo. Un día, salió de su zorrera a buscar comida.
Con el estómago vacío tras dos días sin probar bocado, la tripa le gruñía, pero cuando iba caminando, a duras penas y con los ojos muy abiertos, encontró una trampa que estaba tapada con ramas.
"¿Eh?", se extrañó el raposo. "Algún rufián me ha puesto una trampa para echarme el guante".
Rechinando los dientes, quiso coger la trampa y lanzarla bien lejos, pero entonces, con una risa maliciosa, díjose: "Ji, ji, esto lo voy a poner en la senda, por allí pasan muchos animales."
Entusiasmado, se puso a bailar y corrió hacia la senda, donde colocó la trampa entre unas hierbas tupidas y, escondiéndose tras una gran roca, se quedó aguardando a ver quién pasaba.
Se cansó de esperar hasta que el Sol se ocultó tras las crestas montañosas de Poniente. De pronto, oyó que un murmullo y alzó la mirada, descubriendo a un cachorro de conejo que pasaba dando saltitos. "Por fin aparece uno. Así que tú me vas a salvar, pequeño, ji, ji."
Mientras el zorro astuto lo miraba babeando, el pequeño conejo se detuvo. Como si sospechara algo, alzó las orejas y comenzó a mover la cabeza hacia los lados.
"Pero qué hace...", gruñó el zorro, impaciente, "¿y si se da la vuelta?".
Entonces se le ocurrió una idea. Saliendo de tras la roca de un respingo, le gritó al conejo: "¡Eh, tú, ponte ahí!".
El raposo pensó que, si perseguía al conejo desde atrás,
este, asustado, echaría a correr y caería en la trampa.
Pero el conejito se retiró levemente hacia un lado y quien cayó en la trampa fue el zorro.
"¡Maldito conejo", protestó el viejo zorro, rechinando los dientes. "Me ha hecho caer en mi propia trampa!".
"Vaya", dijo el conejo, golpeándole en la cabezota con un palo, "¿cómo que maldito conejo? ¿No sabes que quien cava el hoyo cae en él?".
Clavando la mirada en el zorro, que quedó mordiéndose la lengua, el pequeño conejo siguió su camino.
Un día, todos los peces de la charca se juntaron y decidieron montar una zona de juegos chula. También estuvieron de acuerdo las ranas que vivían en el agua.
El trabajo comenzó en la mañana. La rana verde era la única que no quería ir a trabajar.
La carpa no sabía por qué la rana verde faltaba al trabajo y fue a visitarla.
"Rana verde, vamos a trabajar".
"¿Acaso las ranas vivimos en el agua? Vivimos en la tierra. ¿Por qué tenemos que ir a trabajar?", respondió la rana verde, dándose la vuelta. Y allí se quedó, sin hacer nada más que saltar en la hierba.
Al día siguiente, los animales que vivían en la tierra vieron la zona de juegos tan estupenda que habían montado los animales de la charca y decidieron poner una zona de juegos ellos también.
de Kang Song Il
En un valle profundo, muy profundo, donde apenas llegaba la luz de la Luna y de las estrellas, vivía un viejo zorro que no quería atender a sus cachorros ni a la anciana zorra, por eso se había escapado bien lejos y había quedado solo. Un día, salió de su zorrera a buscar comida.
Con el estómago vacío tras dos días sin probar bocado, la tripa le gruñía, pero cuando iba caminando, a duras penas y con los ojos muy abiertos, encontró una trampa que estaba tapada con ramas.
"¿Eh?", se extrañó el raposo. "Algún rufián me ha puesto una trampa para echarme el guante".
Rechinando los dientes, quiso coger la trampa y lanzarla bien lejos, pero entonces, con una risa maliciosa, díjose: "Ji, ji, esto lo voy a poner en la senda, por allí pasan muchos animales."
Entusiasmado, se puso a bailar y corrió hacia la senda, donde colocó la trampa entre unas hierbas tupidas y, escondiéndose tras una gran roca, se quedó aguardando a ver quién pasaba.
Se cansó de esperar hasta que el Sol se ocultó tras las crestas montañosas de Poniente. De pronto, oyó que un murmullo y alzó la mirada, descubriendo a un cachorro de conejo que pasaba dando saltitos. "Por fin aparece uno. Así que tú me vas a salvar, pequeño, ji, ji."
Mientras el zorro astuto lo miraba babeando, el pequeño conejo se detuvo. Como si sospechara algo, alzó las orejas y comenzó a mover la cabeza hacia los lados.
"Pero qué hace...", gruñó el zorro, impaciente, "¿y si se da la vuelta?".
Entonces se le ocurrió una idea. Saliendo de tras la roca de un respingo, le gritó al conejo: "¡Eh, tú, ponte ahí!".
El raposo pensó que, si perseguía al conejo desde atrás,
este, asustado, echaría a correr y caería en la trampa.
Pero el conejito se retiró levemente hacia un lado y quien cayó en la trampa fue el zorro.
"¡Maldito conejo", protestó el viejo zorro, rechinando los dientes. "Me ha hecho caer en mi propia trampa!".
"Vaya", dijo el conejo, golpeándole en la cabezota con un palo, "¿cómo que maldito conejo? ¿No sabes que quien cava el hoyo cae en él?".
Clavando la mirada en el zorro, que quedó mordiéndose la lengua, el pequeño conejo siguió su camino.
fábula
Esperando la oportunidad
de Yun Kwang Hyok
En un estanque bajo los sauces, había un pueblo de ranas. Allí vivían ranasde varios tipos y especies, además de sus primos los sapos.
de Yun Kwang Hyok
En un estanque bajo los sauces, había un pueblo de ranas. Allí vivían ranasde varios tipos y especies, además de sus primos los sapos.
Un día, todos los peces de la charca se juntaron y decidieron montar una zona de juegos chula. También estuvieron de acuerdo las ranas que vivían en el agua.
El trabajo comenzó en la mañana. La rana verde era la única que no quería ir a trabajar.
La carpa no sabía por qué la rana verde faltaba al trabajo y fue a visitarla.
"Rana verde, vamos a trabajar".
"¿Acaso las ranas vivimos en el agua? Vivimos en la tierra. ¿Por qué tenemos que ir a trabajar?", respondió la rana verde, dándose la vuelta. Y allí se quedó, sin hacer nada más que saltar en la hierba.
Al día siguiente, los animales que vivían en la tierra vieron la zona de juegos tan estupenda que habían montado los animales de la charca y decidieron poner una zona de juegos ellos también.
En esta obra participaron las lombrices, los topos y todos los animales de tierra.
Las ranas, aunque ya habían trabajado el día anterior en la zona de juegos acuática, también se unieron al trabajo de la terrestre.
Pero la rana verde, sigilosamente para no llamar la atención, se ausentó también del trabajo.
"Rana verde, ¿no vas a trabajar?", le preguntó el topo, que iba de camino al trabajo, a la rana verde, que estaba dando saltitos en la hierba.
"¿Acaso las ranas vivimos en la tierra? Vivimos en el agua. ¿Por qué tenemos que ir a trabajar?"
El topo, molesto, se dio la vuelta sin decir palabra.
La rana verde pasó varios días jugando ella sola.
Pero se acabó cansando de pasar varios días ella sola mientras lxs demás trabajaban con esmero.
Quiso jugar con otrxs camaradas y fue a buscar al topo.
Lxs camaradas terrestres ya habían terminado la zona de recreo, muy chula, y jugaban alegres.
"Eh, ¿se puede?", preguntó la rana verde con descaro.
"¿Acaso eres camarada nuestra? Eres compañera de los peces. Ve y juega con ellos.", le dijo el topo.
Con lo que le había dicho al topo unos días antes, la rana verde solo pudo callar y marcharse con la cabeza agachada.
"¿Es que no tengo otrxs camaradas aparte de ellxs?", murmuró, y se fue a buscar a los peces, que también se estaban divirtiendo.
"Eh, chicxs, ¿se puede?"
"¿Acaso eres camarada acuática? Anda, ve a la tierra y juega con ellxs", le dijo la carpa.
Así que también la echaron del agua.
No tenía dónde ir. No tuvo más remedio que subir a un árbol. Las otras ranas, que habían trabajado con esmero, vivían libres en la tierra y en el agua; la rana verde no se pudo incorporar a ningún grupo y tuvo que vivir colgada de las hojas de los árboles.
Eso le ocurre a todx el que solo acude a los sitios cuando le es ventajoso y se mantiene fuera cuando no le es conveniente.
Las ranas, aunque ya habían trabajado el día anterior en la zona de juegos acuática, también se unieron al trabajo de la terrestre.
Pero la rana verde, sigilosamente para no llamar la atención, se ausentó también del trabajo.
"Rana verde, ¿no vas a trabajar?", le preguntó el topo, que iba de camino al trabajo, a la rana verde, que estaba dando saltitos en la hierba.
"¿Acaso las ranas vivimos en la tierra? Vivimos en el agua. ¿Por qué tenemos que ir a trabajar?"
El topo, molesto, se dio la vuelta sin decir palabra.
La rana verde pasó varios días jugando ella sola.
Pero se acabó cansando de pasar varios días ella sola mientras lxs demás trabajaban con esmero.
Quiso jugar con otrxs camaradas y fue a buscar al topo.
Lxs camaradas terrestres ya habían terminado la zona de recreo, muy chula, y jugaban alegres.
"Eh, ¿se puede?", preguntó la rana verde con descaro.
"¿Acaso eres camarada nuestra? Eres compañera de los peces. Ve y juega con ellos.", le dijo el topo.
Con lo que le había dicho al topo unos días antes, la rana verde solo pudo callar y marcharse con la cabeza agachada.
"¿Es que no tengo otrxs camaradas aparte de ellxs?", murmuró, y se fue a buscar a los peces, que también se estaban divirtiendo.
"Eh, chicxs, ¿se puede?"
"¿Acaso eres camarada acuática? Anda, ve a la tierra y juega con ellxs", le dijo la carpa.
Así que también la echaron del agua.
No tenía dónde ir. No tuvo más remedio que subir a un árbol. Las otras ranas, que habían trabajado con esmero, vivían libres en la tierra y en el agua; la rana verde no se pudo incorporar a ningún grupo y tuvo que vivir colgada de las hojas de los árboles.
Eso le ocurre a todx el que solo acude a los sitios cuando le es ventajoso y se mantiene fuera cuando no le es conveniente.
El jade más precioso no brilla enterrado
값진 옥도 흙속에 묻히면 빛을 뿌릴수 없다
Por mucho talento y virtud que tenga alguien, no podrá brillar si no lo pone en práctica.
Humor 유모아
Deducción científica 과학적인 추론
Hermano mayor: "la matemática es una rama de las ciencias. La ciencia es inequívoca, no deja lugar a dudas. Pongamos que una persona tarda diez días en hacerse una casa. Si trabajan diez personas, tardarán un solo día."
Hermano pequeño: "Según tu teoría sobre la ciencia, si un barco tarda diez días en cruzar el Pacífico, diez barcos podrían cruzarlo en un solo día."

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