descolonización de la geología

La ciencia occidental cartesiana considera la naturaleza un ente aislado de la vida humana, legitimando su cosificación y explotación. La descolonización científica, aplicada aquí al caso concreto de las Ciencias de la Tierra, plantea la necesidad de construir y promover marcos de diálogo intercultural que permitan adecuar las disciplinas a un enfoque más holístico, en el que la especia humana se reconozca como parte de un sistema natural. 

El estudio de los materiales geológicos en un marco de diálogo integrado permitiría buscar alternativas a la explotación colonial de los hidrocarburos en yacimientos que están bajo las tierras de pueblos originarios, que mantuvieron una relación de milenios con el ecosistema y el territorio. 


Compartimos aquí la traducción-resumen del artículo Geology uprooted! Decolonising the curriculum for geologists (Rogers et al, 2021). 

El método científico moderno tiende a clasificar, medir, cartografiar y, en último término, dominar y controlar la naturaleza no humana como si esta fuese una máquina que se puede conocer y predecir y no un conjunto de sistemas naturales y humanos dinámicos, caóticos e impredecibles. 

La ciencia occidental refuerza las relaciones coloniales al ignorar, minimizar o borrar otros sistemas de conocimiento. 

La colonización del conocimiento se da hoy día a través de relaciones de poder desiguales, en la que los considerados como expertos vienen de una élite, de grupos sociales pudientes. Con sus modos de vida basados en privilegios, obtenidos a su vez a partir de injusticias, las universidades y centros de investigación resultan hostiles para académicxs indígenas, que se ven obligadxs a dejar a un lado su conocimiento y su identidad indígena. 

La producción de conocimiento suele estar influida por potencias mundiales, asociaciones y sociedades científicas, así como por los grupos editoriales. Estas instancias determinan qué conocimientos se consideran valiosos y relevantes. 

En las ciencias de la Tierra, lxs académicxs indígenas tienen una baja representación. Hay un sesgo en la publicación que da ventaja a lxs científicxs nativxs del inglés, aunque, para una mayoría, el conocimiento se produce y se prueba en otras lenguas. 

En el Caribe, como marco sociocultural de gran parte del pensamiento decolonial, encontramos un ejemplo de este dominio colonial en el hecho de que el primer mapa geológico de Jamaica fuese elaborado por el propietario de una plantación esclavista. 

El poder legitima el conocimiento y viceversa, este refuerza el poder, determina quién tiene acceso al conocimiento y cómo. 
La ciencia institucional se centra en la identificación, clasificación y el carácter físico-mecánico de los materiales. Es una ciencia muy vinculada a la economía occidental capitalista y, en sus orígenes, a lo militar, como ocurrió hasta el s. xix en Gran Bretaña. 

Como plantean Reano y Ridgway (2015), el pueblo Acoma (en el actual Nuevo México) tenía su propia clasificación de las rocas. En lugar de la estratigrafía occidental, los pueblos manejan clasificaciones litológicas que atienden al significado de cada material en el sentido cultural y como recurso, por ejemplo materiales de construcción, para cerámica, reservas de agua, etc., que, en el marco de un diálogo entre conocimientos, pueden servir para comprender otras cosmovisiones, la relación entre los pueblos originarios y la tierra y la tensión cultural derivada de la explotación colonial de las tierras indígenas. 


     imagen: arenisca Navajo (Dené Bizad), Arizona 


A menudo, las rocas y suelos reciben nombres locales distintos de los establecidos por la ciencia oficial y que no se pueden tachar de incorrectos. Por ejemplo, en Shropshire, Inglaterra, la gente no sabe qué es un microgabro, pero todo el mundo conoce el aspecto y la ubicación de lo que llaman dhustone, como sucede con otros términos no oficiales como Cotham marble o Puddingstone. 

Por otra parte, las historias de transmisión horal brindan información sobre cambios ambientales del pasado, sismicidad, etc. y la relación de estas con la historia humana y de la fauna y flora.  

En muchas disciplinas, lxs académicxs decoloniales trabajan más allá de epistemología eurocéntrica. En Aotearoa (Nueva Zelanda) y Australia hay ejemplos de incorporación de los sistemas y metodologías de conocimiento nativos. 

La geología oficial está frecuentemente vinculada al extractivismo de minerales, que plantea problemas coloniales sobre la posesión de la tierra y los sistemas legales que permiten la extracción, que en muchos casos supone la destrucción de lugares de relevancia cultural, histórica y espiritual de los pueblos. Es lo que sucedió con la destrucción de 46000  de estos sitios en Australia occidental para el acceso a grandes volúmenes de una mena de interés comercial. La empresa Rio Tinto, por otra parte, tuvo que implantar medidas de descontaminación, paquetes de recuperación, y comprometerse a detener la explotación en 1700 lugares destacados por su legado cultural, que tenía permiso para destruir. 

La ciencia geológica extractivista occidental también lleva a cabo tomas de muestras de rocas en lugares de interés cultural o belleza natural, a pesar de las restricciones legales. 

Por otra parte, las expediciones, prospecciones y "misiones" que combinaban el estudio geológico con el del comercio, la botánica, la antropología, etc, fueron un importante vehículo para la expansión de los imperios español, británico y, más recientemente, estadounidense. 
Hasta la década del 1950, los resultados de estas expediciones se recogían en publicaciones como el Bulletin of the Colonial Geological Surveys en el Reino Unido. 

Los saberes locales, que brindaban una guía para el acceso a recursos minerales y naturales en general, eran borrados, "reescritos" u objeto de apropiación sin reconocimiento. La población local poseía conocimentos de muchas características y propiedades geológicas antes de su "descubrimiento". Los imperios español y portugués se aprovecharon de los saberes locales en prospección mineral para el expolio de oro, plata y cobre a través de grandes explotaciones. Más adelante, la prospección se llevó a cabo siguiendo disciplinas coloniales y, en algunos casos, se retornó a la ciencia local después de los periodos de administración colonial. 

El término parachute science, o ciencia en paracaídas, se emplea para definir la exploración e investigación científica que se lleva a cabo en territorios colonizados sin colaboración y/o sin reconocimiento de la guía local. En este sentido, la recopilación de datos también sería una forma de imperialismo. Estaríamos ante un extractivismo de muestras y especímenes cuyo estudio da lugar a la publicación de artículos firmados únicamente por académicos del Norte Global y cuya metodología, frecuentemente, obstaculiza la investigación local, como se describe en el caso del estudio del volcán Nyiragongo, en el Congo. 


También la propiedad de la tierra conoce diversos enfoques y sistemas en distintas latitudes. 

La práctica llamada firsting llevó, por ejemplo, a que fósiles encontrados en Brasil acabaran en un museo de Alemania y en publicaciones no aparece ningunx colaboradorx brasileñx. 

Por otra parte, la tradición educativa occidental tiende a poner el foco en los avances y resultados alcanzados por individuos, destacando las figuras de "genios solitarios" y dejando de lado la importancia del trabajo comunitario y en equipo. 

La descolonización de los programas académicos consiste en la creación de espacios y recursos que permitan el diálogo entre todos los miembros de la universidad en torno a las maneras de imaginar todas las culturas y sistemas de conocimiento. 

Sus objetivos son: cuestionar la arquitectura del privilegio, compensar las injusticias que sufren todos los grupos marginados, recuperar conocimientos, reflexionar sobre la exclusión del otro y la ética, el uso de la lengua, la internacionalización de la experiencia indígena, la recuperación de lxs productorxs de conocimiento olvidadxs o marginalizadxs. 

La propuesta emergente de una geología política, que incluya disciplinas como la geopolítica, el antropoceno, la tecnología, la cartografía, la Historia, etc. 
No se trata solo de cambiar las fuentes y materiales de estudio, también la actitud y disposición. 

De cara a un diálogo integrado entre diferentes escuelas y tradiciones científicas, es necesario aceptar que la teoría occidental no describe o cartografía el planeta entero; que, a pesar de sus pretensiones de universalidad, tiene huecos y lagunas y dejar atrás las pretensiones de que nuestro conocimiento es "superior", "la verdad",  representativo, apolítico, exhaustivo, integrador, separado de la sociedad y el poder, pluriversal, neutro e independiente de todo espacio, tiempo y punto de observación.

La ciencia occidental se presenta como neutral, pero la neutralidad no existe en la ciencia; la hacen personas que siempre tienen intereses, intenciones y ambiciones concretas, la financian gobiernos y empresas que siempre tienen agendas. 
El artículo problematiza la falta de enseñanza de ética y política en los programas de ciencias naturales, matemáticas, ingeniería...
La producción de conocimiento siempre viene influida por las contingencias geográficas e históricas. La descolonización de los programas académicos no es neutra, es una ideología, un conjunto de procesos y un enfoque académico determinado. 

Indudablemente, el método científico occidental puede resolver muchas cuestiones. No se trata de hacerlo a un lado; lo que se propone es un diálogo entre distintos marcos de conocimiento.
Por ejemplo, poner en común los sistemas de conocimiento los sistemas de conocimiento del canon occidental de la ciencia climática con las historias de transmisión oral de los pueblos originarios, que recogen testimonios de subidas del nivel del mar y cómo los animales y las plantas reaccionan ante este. 

La colaboración adquiere una gran relevancia en temas de cambio climático, reducción del riesgo ante catástrofes y extracción de agua. El cambio climático ha de entenderse como un problema de colonialidad y justicia social y, lejos de ser apolítico, hay que buscar sus causas en una colonialidad moderna, en cuyo marco la mayor contribución a la contaminación y el calentamiento del planeta está en el Norte Global y su mayor impacto lo sufre el Sur. 

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