Poesía de Resistencia Antiestadounidense (항미시) en Yanbian




La expresión Literatura Nacional Coreana (조선민족문학) engloba toda la literatura producida por autorxs y asociaciones de este pueblo identificadxs con la idea de una sola Nación Coreana, generándose en los cuatro ámbitos geográficos del pueblo coreano: los dos Estados de la península dividida (Norte y Sur), la Prefectura Autónoma Coreana de Yanbian, en la RP China, y la diáspora coreana por todo el mundo (Asia Central, Norte, Centro y Sudamérica, Europa, etc). 

La literatura coreana contemporánea viene marcada por la trágica Historia de este pueblo en el siglo XX y lo que va del XXI, con la ocupación imperial japonesa (1910-1945), la división forzada del país y ocupación miltar de la zona Sur por parte de EEUU y la Guerra de Corea (1950-1953), donde el ejército estadounidense redujo a cenizas la mitad norte. Dichas heridas subyacen al desarrollo de la literatura de resistencia antiimperialista a través de géneros literarios propios: respectivamente, la Literatura de Resistencia Antijaponesa (항일문학) y Antiestadounidense (항미문학), esta segunda carente aún de una entidad concreta como género literario aparte, que sí encontramos en la Literatura de Resistencia Antijaponesa. 

La Prefectura Autónoma Coreana de Yanbian (연변 en coreano) es un territorio radicado en la provincia china de Jilin, entre la provincia de Heilongjian, Corea del Norte y Rusia. En Yanbian desarrolló su actividad literaria el poeta y guionista de series de TV Hong Yong-am (Heilongjiang, 1970), autor del poemario Yo también soy Soldado, Soldado de mi General (나도 병사, 장군님의 병사), publicado por Pyongyang Chulpansa en 2006, del que encontramos un ejemplar en la biblioteca. 

Ofrecemos una traducción-resumen del texto Una forma de literatura de resistencia antiestadounidense: el caso de Yo también soy Soldado..., de Hong Yong-am, incluido como prólogo en el propio poemario y obra del crítico Kim Ryong-un. 

El crítico comienza hablando de la literatura de resistencia, cultivada en todo el mundo a raíz de las guerras, amenazas bélicas, dictaduras y terrorismo, y menciona como ejemplos las obras rusas Guerra y Paz, de Tolstoi, El apacible Don, de M. Solokhov, la Literatura de Resistencia Antijaponesa en China y Corea, etc, para reseñar la Literatura de Resistencia Antiestadounidense como importante corriente en la literatura contemporánea en todo el mundo. 

Aterriza entonces en la producción coreana de este género, prolífica en Corea del Norte y Corea del Sur, con diferencias de calado e inevitables si tenemos en cuenta la brecha ideológica que, junto con la física, separa los dos Estados. Si la producción en el Sur se centra en aspectos concretos de la vida de los personajes, como la tristeza de las familias separadas, desarrollados en un tono trágico y donde los temas antiimperialistas se desarrollan de formas veladas, indirectas y cautelosas, en el Norte, donde la crítica y condena al imperialismo de EEUU está incorporada al poder estatal, encontramos una crítica activa y subjetiva, severa y minuciosa. De ahí que en el Sur encontremos obras poéticas como No hay línea de Armisticio, de Kim Te-un, indirectas y poco potentes, y en el Norte grandes trabajos de tono heroico y audaz, como Corea en Lucha, de Cho Kichon. 

Llama la atención del crítico encontrar una obra como Yo también soy..., de carácter tan intenso y vehemente, en un autor de Yanbian, nacido en 1970 y que no vivió la tragedia de la Guerra de Corea. Para Kim, estamos ante la más enardecida, vehemente, robusta y minuciosa de cuantas obras líricas se han escrito en el campo de la Literatura de Resistencia Estadounidense. La producción de una poesía tan explosiva y cargada de aversión al imperialismo solo se entiende atendiendo al perfil concreto del autor. Si bien las primeras publicaciones del joven Hong ya revelan una fuerte conciencia sobre los problemas de Corea, es a raíz de sus visitas a Pyongyang que se observa en su obra un amor ilimitado por la Patria, una encendida animadversión contra el imperialismo norteamericano. En palabras del poeta, "En este momento crítico, con el país dividido, luchando por su independencia y con los invasores siempre al acecho, todo miembro de la Nación debe conocer su deber, llevar a cabo su misión, de otra forma no podrá vivir sin vergüenza ni considerarse heredero de Dangun.* A pesar del dolor de vivir físicamente fuera del territorio de Corea, debo llevar a cabo mi obligación y mi misión respecto a la Nación y la Patria. En momentos difíciles y precarios, como los actuales, debo aportar todo lo que pueda desde mi posición, ser como la llama de una vela que arde por la Nación y la Patria..." 

El crítico comienza destacando que de la mano de un poeta joven y de la Diáspora haya surgido un juramento tan leal y férreo, lo que convierte a Yo también... en una obra maestra. 



¿Quién dijo que solo los soldados de la Patria, con su fusil al hombro, 
pueden ser guerreros del General?
¡Yo también, con mi pluma como arma, 
seré un guerrero fiel de mi General,
hasta el fin de mis días, hasta el último aliento, 
 con voluntad férrea lucharé por la Patria!

(...) 

Aferrado con fuerza a mi pluma, a mi fusil, 
por el camino, defenderé mi Patria, a mi General
con toda mi vida, con toda mi lealtad, gritaré
y, apuntando al enemigo invasor, que llega arrastrándose, 
¡seré, ¡bang, bang, bang!
del odio el tiro certezo
de la venganza metralla!

¡Hasta el fin de mis días, de mi aliento, 
lucharé contra los enemigos yo también,
para mi Patria, para mi General!
con esta pluma fusil, destruyendo al invasor, 
cubriéndolo de fuego, 
y, si un día, el invasor se abalanza sobre la Patria,
será este cuerpo, será este aliento, será bala
que proteja con su vida al General
que proteja a mi Patria, a mi Nación

(fragmento de Yo también soy soldado, soldado del General, poema que da título a la colección) 


El "General" que aparece en este poema trasciende la simple imagen de un individuo para volverse pronombre que sustituye a la Madre/Patria, a todas las almas de la Nación Coreana. Al final, y a través de un férreo juramento, se convierte en bala que defiende desesperadamente al General, juramento que se superpone como una sola imagen con el compromiso último para con la Patria y la Nación. 

Por otra parte, convertirse en soldado no solo es un juramento que se hace a sí. También encontramos en sus versos un solemne llamamiento a todo el pueblo coreano, del Norte y del Sur, así como a los 7 millones de personas de la Diáspora para convertirse todxs en soldados y, aunando todas las fuerzas, expulsar a la potencia invasora. Como en el poema Tú también, yo también soldado, pura instigación a la lucha: 

Norte y Sur, Diáspora
Nación entera aunando fuerzas
batiendo el enemigo invasor
en esta era Songun**
ochenta millones de soldadxs en formación
también tú, también yo, 
¡todxs somos soldados!

la pluma de lx poeta será pronto un fusil
la hoz del campesinx será pronto una espada 
el martillo de lxs trabajadorxs será pronto granada
¡todos serán armas para aniquilar al enemigo!
(...) 
Por la Patria, por la Nación
Como una piña en torno al General, 
tú también, yo también,
expulsando a la potencia imperialista
abriendo el nuevo camino de la automomía
¡somos, en esta era, ochenta millones!

Fragmento del poema Tú también, yo también soldado. 

Otro aspecto fundamental en el autor es su odio al imperialismo estadounidense. Cuando Hong piensa en los crímenes cometidos por este en nuestro hermoso país, el odio hace rechinar sus dientes, un rechinar de dientes que también se hace extensivo a ochenta mil personas: 


¿Qué es ese ruido?

Rechinan los dientes 

Yo también, rebasando la línea divisoria, 
y allí dispararé a la jeta odiosa -y más dura que el hierro
de esos yanquis, plantados ahí, descarados con sus armas, 
como si fueran centinelas, creyéndose los dueños del cotarro, 
con ese rechinar de dientes...
en cuya rabia hay ochenta millones...

(fragmento del poema Rechinar de dientes)


Otro de sus poemas recrea el ruido del fuego, de las llamas, para representar la furia ardiente de los ochenta mil contra el Imperio. 

Un poeta de estas características está en condiciones de declarar valerosamente la guerra al imperialismo yanqui: 


¡Malditos, malignos, 
no es como poeta
sino como soldado de la Patria
que os declaro la guerra!

(...)

¡Una declaración solemne
la bomba de un pueblo despierto
de ochocientas mil personas
dispuestas a acabar con los invasores
a incendiar toda injusticia, todo crimen
a anunciar, como juez de la Historia, 
la muerte del imperialismo yanqui!


En el poema Fuego de poeta, el autor, vuelto soldado, empuñando su pluma-fusil y escupiendo fuego de venganza, infringirá al invasor, que llega arrastrándose, una temible muerte: 


Hace medio siglo,
en la terrible Guerra de Corea, 
huérfanos que perdieron a sus padres
bajo las bombas del imperialismo yanqui
mejillas escuálidas, tiznadas de hollín
aquella tristeza
aquellas lágrimas, como agua de lluvia, 
surcaremos y, apuntando al corazón del enemigo,
seremos balas de odio...

Aquellxs niñxs, separadxs con las mejillas sonrosadas, 
la vida cruel, las heridas, tanto tiempo,
sin poder ver a sus familiares,
ahora, con el cabello blanqueado,
convertidos en tristes ancianxs
diez millones de personas separadas-
atravesaremos esas heridas supurantes
y seremos, para los enemigos, que llegan arrastrándose
balas de venganza!

Y atravesaremos la sangre
que mana a borbotones 
de la cadera de mi hermosa Patria, 
cuya mitad, con sus montes, sus ríos,
nos fue robada, 
atravesaremos todo ese dolor, toda esa rabia y rencor, 
ese enemigo mortal, mortal, 
que no puede vivir bajo el mismo Cielo
la guarida del imperio incendiaremos
la bomba atómica, la de hidrógeno...

ese imperialismo yanqui, origen 
de cien mil males en este mundo 
perverso, asesino, diabólico, 
lo pondremos ante el juicio de la Historia
¡y contra él nuestros disparos!
todas las acciones atroces cometidas durante tanto tiempo, 
que hasta el cielo afectaron
las condenaremos 
¡y contra ellos abran fuego, más fuego!

hasta arrancar las raíces 
de tantos desastres, de calamidades sin fin 
caídas sobre la Humanidad
¡fuego, fuego sin cesar!


(...)

para hacer añicos ese imperio de espectros
ayer, ¡fuego!
hoy, ¡fuego! ¡fuego! 
mañana, ¡fuego! ¡fuego! ¡fuego!

(fragmento del poema Fuego de poeta)


Escritos por la mano de un autor no de Corea del Norte ni del Sur, sino de la Diáspora, estas líneas, más que versos, son misiles, bombas atómicas. En representación de las ochenta mil personas que conforman la Nación Coreana, Hong declara la guerra al imperialismo estadounidense. Cada letra, cada verso, rezuma rabia hacia el imperio, fe en la victoria. 

Pero todo lo anterior, en su conjunto, nos lleva al objeto último de la poesía de Hong, la reunificación de Corea. 

Si se requiere mi sacrificio 
jamás suplicaré por mi vida
con el fuego de esta pluma, vuelta fusil, 
tras disparar la última bala 
reuniendo mis últimas fuerzas
gritaré ¡Viva la Unidad de la Patria!
y así de resuelto será mi final 


(fragmento del poema La fe del soldado)


El deseo enardecido de la Reunificación atraviesa toda la obra, de principio a fin. 
 
El día en que se unan Norte y Sur
en que se alcen juntos el Sol, la Luna y las estrellas
en que, juntos, brillen el Hemisfero Este, el Oeste, 
en que el mundo sea un deslumbrante destello
en que, vista desde el espacio, 
la Tierra sea una gema increíble y refulgente 

(fragmento del poema El día en que se unan Norte y Sur)

Esta es la hermosa tierra unida que anhela el poeta, cuyo compromiso de volverse soldado y destruir el imperialismo estadounidense no tiene otro propósito que el de buscar una Corea unida y brillante. 

La obra Yo también soy Soldado...es, sin duda, contribuye de un modo fundamental a la conformación de un modelo de Literatura de Resistencia Antiestadounidense. 

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Fuente: Yo también soy Soldado, Soldado de mi General, poemas de resistencia antiestadounidense de Hong Yong-am. Editorial Pyongyang, 2006. 
[한미문학의 한 전형 -홍용암의 «나도 병사, 장군님의 병사»의 경우.]. 김룡운. 홍용암 저 시집 [나도 병사, 장군님의 병사] 중. 평양출판사, 주체 95 (2006)년. 


* personaje legendario de la época mística de la Historia de Corea, considerado fundador del primer reino coreano en 2333 a. de C.

** Songun: política norcoreana que prioriza los asuntos militares en defensa del país y la Revolución. 


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