El campamento espacial 🚀👩🏾🚀🌔 (2018) 우주야영의 나날에
Comparto la traducción completa del relato de ciencia ficción Los días del campamento espacial, del autor norcoreano Ôm Hosam, publicado en el número de junio de 2018 de la revista Adong Munhak.
Om Hosam
Los días del campamento espacial
우주야영의 나날에
1
En su infancia, la posibilidad de hacer un viaje espacial parecía un sueño. Cuando se desplegó como realidad ante sus ojos, el entusiasmo llenó por completo el corazón de Yong Nam. Durante las vacaciones de verano, participaría con sus compañeros de curso en un campamento espacial que no solo les permitiría conocer la estación y las fábricas espaciales construidas por los pioneros de la conquista del Universo, sino también llevar a cabo su propia exploración.
Al recibir la noticia, todos los compañeros de curso se llenaron de júbilo. Y qué decir, entre ellos, de Yong Nam, Chol Ho y Yun Chol, cuyos padres eran astronautas, sucesores de los pioneros espaciales que, venciendo aquellas calamidades de la década de 1990, hicieron exitoso el lanzamiento de satélites de nuestro país, jóvenes que crecieron escuchando, como si de viejos proverbios se tratara, la historia de cómo la RPDC, sustentándose en una sólida economía autónoma, se erigió al fin en una potencia espacial envidiada por el mundo entero. Además, los tres chicos vivían en las residencias conocidas como Astronautas, viviendas ubicadas en torres de 70 pisos. Con diferentes personalidades y aficiones, siempre crecieron pegados como tres gemelos. Pero esta vez iban a viajar y ver directamente a sus padres, que pasaban varios meses del año trabajando en el espacio. La idea de poder ver en realidad a nuestros científicos espaciales, en su tarea de progresiva conquista de la inmensidad del Universo, los tenía henchidos de ilusión.
Y llegó, al fin, el día de su partida al campamento espacial. A las 8 de la mañana, la nave, con sus protagonistas a bordo, se alzó desde la estación de lanzamiento del Mar de Poniente. No habían pasado diez minutos desde el lanzamiento cuando el transbordador salió de la atmósfera. Aún les quedaban unas dos horas para llegar a la estación espacial, situada a treinta mil kilómetros de la Tierra. Gracias al nuevo desarrollo de la nave, no experimentaron en absoluto la sensación de sobrepeso en el cuerpo que habían previsto para esta transición. Cuando entró en sus ojos la hermosa panorámica de la Tierra, la excitación de Yong Nam se mezcló con cierta sensación de temor al pensar en el espacio infinito.
Entonces, el profesor líder del grupo de jóvenes les contó con detalle el programa previsto para el tiempo que duraría el campamento espacial:
- ... y, durante el campamento, junto a la observación de la fábrica espacial, está prevista una exploración lunar de seis días.
- ¡Qué ilusión!
- ¡Genial!
- Al llegar a la estación espacial, me informarán todos los camaradas de qué manera y procedimiento será más adecuado para la observación de la Luna.
- ¿Tú cómo has pensado hacerlo?-preguntó Yong Nam a Chol Ho, sentado junto a él.
- Pues no sé, supongo que yendo a la Luna.
La respuesta de Chol Ho, de frente ancha y rostro redondeado, no parecía muy elaborada. A continuación, se quedó contemplando a su buen amigo Yong Nam y preguntándose si estaría teniendo alguna idea nueva. Para Chol Ho, de movimientos más lentos y mayor volumen corporal, era muy importante saber qué estaba pensando Yong Nam, que, de frente prominente y mirada aguda, siempre sorprendía a sus camaradas con ideas brillantes, y que ahora miraba por la ventana sin que nadie supiera qué barruntaba.
Yong Nam vio cómo la nave lanzaba una red para eliminar un asteroide que había aparecido ante ellos. Se preguntó de qué planeta se habría desprendido aquel objeto errante. Según había oído explicar a su padre, astronauta, los asteroides y la basura espacial eran peligrosos porque podían destruir las naves y las fábricas espaciales. Ahora, observaba con mucha atención las tareas de la nave.
De pronto, tomó forma en su mente una atractiva idea: “Un momento, los satélites que lanzó mi abuelo también estarán dando vueltas por el espacio sideral…”
Aquellos satélites artificiales ya habían cumplido su misión, pero para Yong Nam seguían siendo valiosos. Eran los satélites del cohete Kwang Myong Song, producidos y lanzados en tiempos tan difíciles con la fuerza y los recursos propios de nuestro país, que se mostró al mundo como una potencia capaz de producir satélites y ponerlos en órbita. Algo así no podía tratarse como chatarra espacial. Eran vestigios históricos, había que encontrarlos y preservarlos bien. Y, para ello, lo primero era…
Varios métodos tomaron forma enseguida en la mente de Yong Nam, que, para introducir sus ideas en la tablet, que llevaba en una maleta, se soltó el cinturón de seguridad. Al instante, su cuerpo quedó flotando en el vacío y, como quien cae al agua, comenzó a agitar los brazos. Había olvidado que la nave, al salir de la atmósfera, se encontraba en situación de gravedad cero, lo que impedía la libertad de movimientos. A pesar de su cuerpo robusto, fortalecido en los entrenamientos físicos cotidianos, y de su buena cinestesia, poco podía hacer en condiciones de gravedad cero.
La emergencia hizo brotar de su boca un quejido inconsciente. Presa del sobresalto, Chol Ho y Yun Chol, que estaban sentados junto a él, gritaron también: “¡Yong Nam!” y se apresuraron a agarrarlo de la ropa. También el profesor, al ver la escena, exclamó: “¡Yong Nam, abróchate el cinturón, rápido!”. Su rostro, siempre tan afable, quedó en un instante blanco como una hoja de papel.
De no ser por la ayuda de sus camaradas, Yong Nam habría quedado flotando por encima de sus cabezas y se habrían visto en dificultades.
2
Tras su llegada a la estación espacial, Yong Nam fue a buscar al profesor y se disculpó por haber contravenido las normas del viaje espacial, autocrítica que el maestro recibió con un semblante satisfecho:
- Si eres consciente de tu error, no hay problema. Tenlo presente: la alteración de las normas y el orden no solo afecta al que las comete, sino también a los demás.
- Lo tendré en cuenta.
- Yong Nam, a propósito, me pareció que estabas ideando algo… - agregó, con una sonrisa, el profesor, que conocía bien la disposición del joven a concebir ideas novedosas.
- Es que aún no…- Yong Nam dudó. No sabía si compartir sus pensamientos, que por el momento eran una mera pretensión.
- Bueno, ya me lo contarás cuando esté maduro.
- Sí, profesor.
- Bien, pues ya puedes ir con tus camaradas Yun Chol y Chol Ho al puesto de mando espacial, donde trabajan vuestros padres. Hace un rato nos ha llamado su director y dice que os espera allí.
- De acuerdo.
Yong Nam regresó a la sala y, junto con sus compañeros, se dirigió al puesto de mando. Felices ante la idea de ver a sus respectivos padres después de varios meses, los tres corrieron. Pero el encuentro no se pudo dar. Sus padres seguían ocupados en la exploración espacial.
Al ver la decepción en el rostro de Yong Nam, el director del puesto de mando les dijo de forma clara y ordenada:
- No estéis tristes, muchachos. Vuestros padres estarán de regreso en una semana. Hasta entonces, yo estaré al cargo de vosotros. Vuestro profesor me ha pedido que os enseñe este lugar, donde trabajan vuestros padres. ¿Le echamos un vistazo?
- Muy bien-respondió enérgicamente Yong Nam, a quien el director había causado una buena impresión. Sus palabras le hacían más liviana la decepción de no haber podido ver a su padre.
El director guió a los chicos por las instalaciones de la estación espacial. De forma cónica y revestida de un material que la protegía de las colisiones con asteroides, la estación tenía una superficie similar al Unha-dong (Barrio Galaxia), donde vivía Yong Nam y, sin embargo, mantenía en su interior un ambiente igual al de la Tierra gracias al campo gravitatorio y la atmósfera artificial con los que se había construido. La zona donde el personal hacía vida contaba con un albergue espacial, un parque, una biblioteca digital y un gimnasio. En el área de trabajo estaba la pista de aterrizaje, una enorme estructura de acero y la sala de transmisiones, donde había instaladas antenas de satélite de todo tipo y forma, diversas factorías y talleres espaciales, el centro de investigación científica y la cabina de pilotaje de la estación, entre otras instalaciones. Escuchando las explicaciones del director mientras recorrían toda la estación, Yong Nam conoció más en detalle la labor formidable que su padre, junto con los de sus compañeros, llevaban a cabo en tan inhóspito entorno espacial. En aquel lugar, a decenas de miles de kilómetros de la Tierra, habían construido una enorme estación espacial y, en la actualidad, encabezaban nuevos horizontes de exploración.
Para Yong Nam, el recorrido fue una abundante fuente de descubrimientos. En las instalaciones de la sala de transmisiones, contemplando las imágenes que enviaban los satélites geoestacionarios, de los de órbita polar y de las naves espaciales, concibió una idea. Pensó que había que recuperar los satélites del Kwang Myong Song.
No se le ocurría ningún método para averiguar su ubicación de forma precisa, pero se fijó en las imágenes que enviaba la sonda Azor en tiempo real, en las cuales, de cuando en cuando, aparecían piezas de chatarra espacial, y pensó que analizando estas se podría, sin duda, localizar cualquier cosa.
- Señor- Yong Nam se aventuró a preguntar al director-, ¿Esas imágenes las puedo ver yo también?
- Pues claro, ¿qué le vamos a negar a un futuro explorador del espacio?
- ¿Me las puede pasar en tiempo real a mi ordenador?
- Muy bien. Dame la dirección- el director accedió gustoso a su petición.
De regreso a la zona de descanso, Yong Nam compartió con el profesor la idea de buscar los viejos satélites del Kwang Myong Song. Al conocer la iniciativa del joven, el profesor se mostró decididamente a favor:
- Es una idea realmente extraordinaria. No podemos olvidar los logros de las generaciones anteriores. Camarada Yong Nam, le contaré tu decisión a tu padre y lo hablaré con el camarada director.
- Eh… No se lo diga aún, por favor.
El profesor sonrió, consciente de la intención de Yong Nam, que quería anteponer los resultados a las palabras.
- De acuerdo. Únicamente…- dijo entonces, tras dudar unos instantes y mientras Yong Nam lo miraba expectante- para analizar todas esas imágenes durante el campamento, no podréis descansar de forma adecuada, ¿no te importa?
- Lo aprovecharé para mejorar en programación y terminaré antes de la exploración lunar.
- De acuerdo. Y háblalo bien con tus compañeros.
3
La rutina del campamento espacial transcurría para ellos entre la alegría y la curiosidad. En un suspiro, habían pasado dos días.
A todos les producía pesar el paso del tiempo porque se acercaba el final de la estancia, pero la curiosidad y el afán de aventura les llenaba de ilusión y esperaban ansiosos la última parte del campamento, la exploración lunar, de seis días de duración. Para ellos era una gran oportunidad poder pilotar directamente una nave y visitar la estación espacial.
Al ver que Yong Nam no aparecía pasada la hora del almuerzo, sus compañeros Chol Ho y Yun Chol se llenaron de inquietud. No había ni rastro de él en el comedor.
- Yun Chol, ¿dónde habrá ido Yong Nam?
- Yo qué sé. Parece que su cuerpo no se ha adaptado bien al campamento. Se ha pasado la noche pegado al ordenador.
- Eso no puede ser. Está claro que algo le está pasando. Siempre parece muy tranquilo y de pronto sorprende a todos los camaradas con cosas excéntricas. Ya has visto que se ha saltado el entrenamiento físico obligatorio y ha estado metido en la biblioteca.
- Es verdad. Parece que se ha enfrascado en la lectura y hasta se ha olvidado de comer. Vamos a buscarlo.
Yun Chol y Chol Ho quedaron atónitos. Yong Nam parecía recién salido de la biblioteca digital y caminaba en sentido opuesto al comedor. Con gesto de incertidumbre, Chol Ho quedó mirando a Yun Chol.
- No sé- le dijo-, yo creo que Yong Nam tiene algún problema.
- Yo también lo creo. Sigámosle sin hacer ruido.
- Bien.
Los dos camaradas siguieron a Yong Nam, que se dirigió a un parque que formaba parte de las instalaciones de la estación espacial. Como los parques de la Tierra, tenía un tupido manto arbóreo y, aunque las flores no estaban en su apogeo, el lugar ofrecía unas buenas vistas y era acogedor, muy apropiado para dar un paseo o sumergirse en profundas reflexiones.
Yong Nam, sin embargo, se hallaba sumido en emociones pesadas y complejas. Se había pasado la noche analizando las imágenes recibidas de la sonda Azor y creando un programa que permitiera encontrar los satélites del Kwang Myong Song, el día entero en la biblioteca electrónica verificando datos de base, comenzando por las órbitas de dichos satélites y analizando más imágenes. Pero los resultados no terminaban de aparecer o, más bien, eran ambiguos. El programa de análisis de imágenes tenía un nivel demasiado bajo. Además, los datos de base eran insuficientes. Pensó que quizás había sido un error concebir aquel plan tan ambicioso. Había acudido al parque de la estación espacial para darse a la contemplación de aquel paisaje natural y despejar un poco su mente.
Había estado pensando concienzudamente dónde podía estar su error. Para comprobar nuevamente la efectividad del programa que había creado, sacó otra vez la tableta. Acababa de encender el dispositivo, y estaba buscando un método que permitiera analizar con precisión las imágenes de la sonda Azor, cuando aparecieron Chol Ho y Yun Chol. Sin darle tiempo para responder, los dos le lanzaron las preguntas:
- Eh, Yong Nam, ¿qué haces aquí? Ni siquiera has comido…
- ¿No estarás con algún videojuego?
- Estoy investigando las órbitas de los satélites del Kwang Myong Song- les explicó Yong Nam tras dirigirles una rápida mirada y centrando de nuevo su atención en la pantalla.
- ¿Las órbitas de…?- exclamó Chol Ho, cuyos ojos, que siempre se veían pequeños a causa de las rollizas mejillas, se abrieron como platos.
- ¿Qué quieres, viajar en el tiempo con el ordenador o algo así?- agregó Yun Chol, no menos perplejo-¿Qué es eso de investigar la órbita de satélites que ya terminaron su misión?
- Yo no considero que la hayan terminado- replicó Yong Nam, apartando los ojos de la pantalla y con un semblante serio-. Sí, quiero encontrar esos satélites y exponerlos en el Museo del Espacio.
Al unísono, el delgado Yun Chol y el rellenito Chol Ho celebraron con sendas exclamaciones la genial idea de Yong Nam. Pero su alborozo duró solo un instante. Con una expresión sumamente triste en el rostro, Yun Chol dijo:
- Pero, ¿por qué no nos lo habías dicho?
Aunque le resultaba embarazoso confrontar las miradas de sus compañeros, llenas de reproche, Yong Nam les reveló, tal cual, lo que tenía en la cabeza:
- Pensé que lo más importante y urgente para localizar los satélites era crear un programa de análisis de imágenes. Lo he hecho yo solo y no ha quedado bien.
- Pero, a ver, ¿cómo es que tienes una idea tan buena y cargas con ella tú solo?
- Eso mismo, y luego dirás que somos amigos y camaradas…- también Chol Ho, que hasta entonces no había mostrado su enojo, se mostró muy decepcionado.
Solo entonces acudieron a Yong Nam las palabras del profesor cuando le dijo que discutiera la iniciativa con sus camaradas. Enseguida comprendió las críticas de Chol Ho y Yun Chol.
Trabajar en solitario había sido una pérdida de tiempo. No solo no había conseguido completar el programa de análisis de imágenes que necesitaba, sino que se había creado un clima negativo entre los camaradas, y no se podía negar que todo ello era resultado de su ambición personal. De haber consultado con Yun Chol y Chol Ho, cuyo nivel de programación era similar al propio, no habría tenido unos resultados tan lamentables. Su error no tenía nada que ver con la escasez de datos de base ni de habilidades de programación. Arrepentido, se sinceró con sus camaradas:
- No sé en qué estaba pensando… A partir de ahora, trabajaremos juntos los tres, uniremos nuestras fuerzas y capacidades.
- Bien.
- Por ahora, he encontrado material sobre las órbitas geoestacionarias y polares de los satélites, las altitudes de larga y corta distancia.
Pestañeando tras sus gafas, Yun Chol compartió su opinión:
- Estaría bien montar el programa complementando esos datos con los del tamaño de los satélites.
- Cierto, eso se me había pasado. Haciéndolo así, aumentaremos un montón la capacidad de análisis del programa- comentó Yong Nam, con entusiasmo en la voz y tomando con fuerza las manos de Yun Chol.
- Y yo, ¿qué puedo hacer?- preguntó Chol Ho con un gesto de lástima, pues no encontraba su forma de contribuir.
- Podemos analizar las imágenes entre los tres y poner en común los resultados. Para encontrar la posición actual de los satélites, tendremos que pasar el día entero analizando imágenes del Azor.
- De acuerdo, eso sin problema- al saber que él también podría participar en la búsqueda de los satélites, tomó forma en las rechonchas mejillas de Chol Ho ese hoyuelo que siempre aparecía como señal de contento.
- Una cosa, hay que analizar las imágenes por turnos y en tiempo real. Si nos da el sueño o cualquier cosa, tendremos un problema.
- Pero, ¿por quién me tomas?- protestó Chol Ho, sacando su abultada panza y adoptando una posición como para sacar fuerzas, lo que hizo reír a Yun Chol y Yong Nam.
4
Según se acercaba el día de la exploración lunar, el más inquieto era Chol Ho. Dentro del variado programa del campamento, que incluía visitas a las factorías y talleres de la estación espacial, entrenamientos físicos en aquella gravedad, la mitad de la terrestre, reuniones con científicos espaciales y otras actividades, estaban incluidos diversos ejercicios de exploración de la Luna, cuyos preparativos tenían a todos los alumnos sumidos en un intenso ajetreo. Y, en esas circunstancias, ellos tres estaban volcados en el análisis de imágenes.
Revoloteaban en su mente distintas ideas; se preguntó si Yong Nam no les había metido en un jaleo del que no sabrían salir, si su compañero no estaría actuando llevado por el miedo a aquel inhóspito espacio exterior.
Tras acabar, sin dejar ni rastro, con los snacks que el profesor les había traído al campamento, Chol Ho murmuró para sí:
- Dónde se ha visto… Mientras los otros alumnos están pasándolo bien, visitando las fábricas y haciendo deporte, nosotros estamos aquí encerrados analizando imágenes…
Yong Nam, que había puesto en común con sus compañeros los resultados del día anterior, apartó la vista de la pantalla y se quedó mirando a Chol Ho. Este tenía el mejor apetito de los tres y, en ese mismo grado, disfrutaba del ejercicio físico. Pasar ante el ordenador el tiempo programado para el deporte sería demasiado para él. Yong Nam sintió compasión. Al ver a Chol Ho terminar sus snacks y poner la mirada en los de Yun Chol, dispuestos sobre la mesa, le brotó una espontánea sonrisa.
- Chol Ho- le dijo-, deja de lamentarte y cuídate un poco. ¿No te preocupa comer así?
- Eso digo yo- secundó Yun Chol-. Podrías ponerte música y hacer un poco de gimnasia en los descansos.
Pero las palabras de sus compañeros no hicieron efecto en Chol Ho, que, por el contrario, sacó nuevamente la panza, como orgulloso de su cuerpo, voluminoso para su edad.
- ¿Qué pasa con mi cuerpo? Para ser grande como persona hay que tener un cuerpo grande, ¿no? Para ser grande en el pensamiento, en el trabajo…
- Qué dices… Aquí parece que has engordado más aún y de las imágenes no has sacado ningún análisis con sentido…
- No sé yo tampoco. Pensé que en el espacio la mente estaría más fina, pero tengo la cabeza como descentrada y me da sueño todo el rato…- arguyó Chol Ho, estirando la mano hacia los snacks de Yun Chol, que lo reprimió con suavidad:
- Qué buenas excusas. Lo que pasa es que siempre estás pensando en comer y en pasarlo bien.
- ¿Qué dices? No sabes que a mí comer esto me da valor…- replicó Chol Ho, nada amedrentado por la regañina de Yun Chol, cuyo bote de panqueques crujientes comenzó a reducirse.
Al verlo, Yong Nam tuvo una idea extraña:
- Oye, ¿no habrás cogido la enfermedad del espacio?
- ¡¿Qué? ¿La enfermedad del espacio?!- Chol Ho y Yun Chol miraron a Yong Nam con los ojos muy abiertos.
- Sí-explicó Yong Nam gesticulando con las manos-, es un trastorno que se produce por unos estímulos del movimiento orbital de las naves o las estaciones espaciales sobre el cuerpo humano. Dicen que, debido a la deficiencia de calcio, al regresar a la Tierra se puede perder la capacidad de caminar.
Al oír aquello, Chol Ho soltó el panqueque que ya se había llevado a la boca. Guiñando un ojo a Yong Nam y adoptando un tono grave, Yun Chol exclamó:
- Pues menudo lío, Chol Ho. Con tu sobrepeso, a lo mejor ya no vas a poder andar.
- Eso mismo- apoyó con vehemencia Yong Nam, captando que Yun Chol le seguía la corriente-, y si, además, no dejas de comer… Yo creo que habrá que avisar al profesor e ingresarte en el hospital…
Pero a Chol Ho no se le escapaba que sus dos amigos estaban compinchados:
- ¡Eh, dejadlo ya. Lo que pasa es que me queréis apartar de la búsqueda de los satélites porque soy más lento!
- Pues lo estábamos pensando, ¿no, Yun Chol? Siempre te estás quejando, vas el último con las imágenes y te estás acabando los snack de los tres.
- ¿Cómo? Vale, desde ahora no me comeré vuestros snack, así que no penséis en dejarme fuera. No llevamos ni una semana en el espacio, ¿cómo voy a tener esa enfermedad?
Al ver tan turbado y confuso a Chol Ho, Yun Chol y Yong Nam no pudieron evitar estallar en risas. Enojado, Chol Ho alzó la voz:
- No os riáis. Es verdad que voy más lento que vosotros con las imágenes, pero en el programa también hay un fallo.
- ¿Qué dices?- exclamó Yun Chol, sobresaltado. Chol Ho se había esforzado mucho en el perfeccionamiento del programa de análisis de imágenes y su opinión no era nada desdeñable.
- Hasta ahora- prosiguió Chol Ho-, nos hemos enfocado en las imágenes de las órbitas. Pero los satélites se pueden haber salido de órbita al chocar con asteroides o por la fuerza gravitatoria de los planetas. O sea, no hemos tenido en cuenta el efecto de las perturbaciones gravitatorias.
- ¿Perturbaciones gravitatorias? Qué domino del vocabulario técnico…
- Qué dominio ni dominio, es lo suyo en el hijo de un científico espacial.- replicó Chol Ho, orgulloso.
Animado ahora, Chol Ho compartió sus pensamientos sin dejarse nada:
- Aunque, si aumentamos el rango de sondeo, se reducirá la calidad de las imágenes y la velocidad de análisis. Creo que hay que rehacer el programa.
- Chol Ho tiene razón- apoyó Yong Nam, que se puso a pensar en algún método para aumentar la precisión del análisis de imágenes sobre la condición de ampliar el rango de la sonda.
Pero Chol Ho, antes orgulloso, ahora se mostraba desanimado:
- Claro que hay que aumentar el rango de exploración, pero me preocupa que los satélites se hayan destruido al chocar con asteroides.
- ¿Destruidos? No puede ser- opuso Yong Nam, y agregó: A propósito, hay algo que no había tenido en cuenta.
- ¿Qué?- Sus dos compañeros lo miraron con los ojos llenos de curiosidad.
- Los científicos que construyeron los satélites y el cohete que los transportaba lo hicieron con materiales y técnicas de nuestro país. En el programa de análisis de imágenes habría que introducir las características estructurales y materiales como datos de base, así podríamos encontrar fácilmente los satélites por mucha basura espacial que haya.
Los rostros de Chol Ho y Yun Chol se iluminaron al instante.
- Así es. Y los datos de estructura y materiales tienen que estar en la base de datos del puesto de mando.
- Voy yo a pedírselos al director- se ofreció sin vacilar Chol Ho, que no parecía el chico agitado de unos momentos antes.
- Bien, ese es nuestro Chol Ho. Desde ahora te puedes comer todos mis snack- le dijo Yong Nam, acercándole su bote.
- Ya no. ¿Quieres que me quede sin andar de verdad?- opuso Chol Ho, rechazándolo y salió enseguida de la estancia.
5
Junto con los datos que necesitaban, Chol Ho trajo noticias del puesto de mando. Su padre, junto con los de Yun Chol y Yong Nam, habían terminado su exploración espacial y llegarían a la estación a la mañana siguiente. La noticia les alegró mucho, pero también se sintieron nerviosos. Si querían mostrar a sus padres su magnífico trabajo, tendrían que terminar el programa de análisis de imágenes y ponerlo en marcha a lo largo del día.
Yong Nam completó el programa a las diez de la noche, hora que en la Tierra ya sería la de dormir. Pero los tres se tenían que mantener despiertos. El análisis de las imágenes de la senda Azor, que tardaba menos de 50 minutos en dar la vuelta a la Tierra, no daba lugar al descanso.
En la nueva versión del programa, incluyeron no solo la estructura y materiales de los satélites, sino también una función que permitía recibir notificaciones cada vez que apareciera uno de ellos. Así, evitarían los posibles errores momentáneos y pérdidas de resultados de análisis.
Aquella noche, hasta el dormilón de Chol Ho mantenía los ojos fijos en la pantalla de su ordenador mientras instalaba el programa.
- Chol Ho– le dijo Yong Nam-, tú que has hecho el esfuerzo de ir a ver al director y traer los datos, descansa, nosotros seguimos.
- ¿Por quién me tomas?- protestó, airado, Chol Ho-. Te agradezco que pienses en mí, pero yo también voy a estar en el momento decisivo de encontrar los satélites.
- Muy bien, estaremos los tres juntos.
Transcurrió el tiempo y los tres, sentados ante sus ordenadores, eran presa de la inquietud. Habría pasado una hora cuando apareció en la pantalla de Yong Nam la notificación: “Kwang Myong Song 4 detectado. Coordenadas xxxx,xxx”.
- ¡Encontrado! ¡Chicos, hemos encontrado el Kwang Myong Song 4!”- exclamó, levantándose de un respingo.
También los rostros de Chol Ho y Yun Chol se iluminaron con la alegría, aunque enseguida retornaron la mirada a sus respectivas pantallas. Había quedado patente la precisión de la nueva versión del programa y esperaban recibir pronto los datos de los otros dos satélites.
En efecto, al cabo de unos instantes Yun Chol exclamó: “¡Muchachos, he encontrado el Kwang Myong Song 2. Coordenadas xxxx,xxx!”.
A la media hora Chol Ho, reprimiendo la euforia, gritó también:
- “¡Yo…yo también! Coordenadas del Kwang Myong Song 3-1, xxxx,xxx.
Así pues, en tres horas habían localizado los satélites Kwang Myong Song 2, 3-2 y 4. Pero el número 1 aún no había revelado su presencia. Se preguntaron si sería debido a la distancia o a que, con los años, hubiese quedado destruido sin dejar rastro tras colisionar con algún asteroide.
A medida que transcurría el tiempo, el ánimo de los tres jóvenes se tornaba más complejo. Ya eran las 2 de la mañana, pero no podían retirarse. Les daba fuerza y valor la idea de que, si se retiraban ahora, lo harían también la próxima vez y quedaría un hueco en la historia del desarrollo espacial del país. Reinaba la confianza entre ellos y volvieron a volcarse en el análisis de imágenes.
Una hora, dos… Cada cincuenta minutos, el Azor daba una vuelta tras otra a la Tierra. Los tres chicos se mantuvieron en máxima tensión observando los resultados del análisis de las imágenes. Por fin, el Kwang Myong Song 1, cuya posición era más lejana que la de los otros satélites, hizo acto de presencia:
- Kwang Myong Song 1 detectado, coordeinadas xxxx,xxx.
Apenas apareció la notificación en la pantalla del ordenador, los tres chicos, llenos de alegría, se abrazaron y gritaron “¡Viva!”. Eran las 6 de la mañana, pero sus rostros no había una sombra de agotamiento, todo lo llenaba la satisfacción y la felicidad de haber hecho algo grande.
- Chicos- les dijo Yong Nam-, vamos a enseñarle esto al profesor.
Chol Ho y Yun Chol respondieron con entusiasmo:
- Sí, le va a encantar.
- Vamos ahora mismo.
Llenos de satisfacción, Yong Nam y sus dos camaradas se dirigieron a ver al profesor, muy contento de verlos tan de buena mañana. Al oír la noticia de que habían encontrado los satélites tras pasar toda la noche en vela, los abrazó, orgulloso de su admirable hallazgo.
- Al final lo habéis encontrado, es magnífico. Ya veréis qué contentos vuestros padres cuando sepan lo que habéis logrado.
- Profesor, mi padre, el de Chol Ho y el de Yun Chol ya han terminado su exploración y vienen hoy.
- ¿Ah, sí? Vaya, es un día de buenas noticias. Vamos juntos a recibirlos.
Al saber que el profesor iría con ellos al encuentro de sus padres, la alegría iluminó el rostro de los tres chicos.
6
Tras disfrutar del desayuno lleno de alegría, Yong Nam, junto con el profesor, se dirigió a la pista de las naves espaciales a la hora que les indicó el director del puesto de mando. Al fin llegó la nave que traía a los sus padres, que les dieron un fuerte abrazo al bajar del vehículo espacial. Terminado el emotivo encuentro, el profesor y el director le explicaron en detalle lo que habían conseguido sus hijos.
Los astronautas no cabían en su asombro. Aquel logro de sus pequeños les resultaba del todo increíble. Tras comprobar de nuevo las coordenadas de los satélites del Kwang Myong Song, no pudieron dejar de expresar su admiración:
- Es magnífico, chicos. Habéis logrado lo que nosotros no pudimos…
- Gracias, muchachos, por mostrarnos de verdad que sois unos verdaderos exploradores espaciales.
- Estas cosas nos dan fe en el futuro. Qué alegría veros tan crecidos en todo.
Aún no podían creer el logro de sus hijos.
Entonces, Yong Nam les contó su decisión:
- Aún no hemos terminado el campamento. Hemos pensado ir por los satélites nosotros mismos.
Contemplando a sus padres, que quedaron sin respuesta, Chol Ho y Yun Chol secundaron a Yong Nam:
- Iremos los tres juntos, no tenemos miedo.
- Eso es.
Al conocer las coordenadas de los satélites, los tres jóvenes pilotarían directamente una nave y los recuperarían todos con una red.
- Vosotros no podéis- opuso, en un tono grave, el director del puesto de mando.
Los tres chicos quedaron perplejos.
- ¿Por qué no podemos?
- ¿Nos hacen de menos porque somos jóvenes?
- Pero si ya tenemos catorce años…**
Ante la osadía de los chicos, los tres padres y el director rompieron a reír. A continuación, les explicaron detenidamente:
- Chicos, los satélites están en lugares de alta concentración de chatarra espacial. Hay que traerlos evitando las colisiones con objetos imprevistos. Y para eso hay que tener mucha experiencia de pilotaje.
- Vosotros habéis recogido los datos necesarios. ¿No os parece natural que vayamos por ellos nosotros, que tenemos mucha experiencia pilotando naves?
- Tenemos que hacer nuestra contribución al futuro…
Aun sin entender todo lo que habían dicho, los chicos sabían que sus padres los tenían en muy alta estima y eso les infundía valor para llevar a cabo más empresas buenas por la Patria.
- Vale, nos haremos grandes exploradores siguiendo vuestros pasos.
- Creed en nosotros.
- Os lo prometemos, los tres.
- Nuestros niños ya son grandes- en el rostro de los padres brillaban sonrisas de satisfacción.
Tras un breve descanso, los tres exploradores subieron de nuevo a la nave:
- No os preocupéis, nosotros traeremos de vuelta los satélites.
- Vosotros preparaos para vuestra exploración lunar.
- Espero que también hagáis descubrimientos en la Luna.
Los tres chicos despidieron a los padres con gran emoción. Cuando la nave desapareció en el espacio, Yong Nam confesó sus pensamientos a sus camaradas:
- Chicos, esto me ha servido para aprender muchas cosas. Por muy buenas ideas que uno tenga, no se pueden llevar a cabo pensando en llevarse todo el mérito. Solo juntando las fuerzas y capacidades se pueden hacer descubrimientos que asombren al mundo.
- Correcto. A mí me ha servido para comprender que uno no se hace explorador espacial porque lo hayan sido su padre y su abuelo. Fue necio por mi parte pensar que uno se hace una gran persona por tener un cuerpo grande. Me enfrentaré el primero a las cosas difíciles y duras.
- Yo he aprendido que, aunque también es importante tener muchos conocimientos, hay que saber ponerlos en práctica.
Tras escuchar aquellas palabras que intercambiaban los chicos, el profesor les dio un fuerte abrazo.
- Camaradas, está claro que no habéis perdido el tiempo en este campamento. En adelante, contadme a su debido tiempo todas las ideas que tengáis. Os ayudaré en todo lo que pueda.
- Sí, profesor- respondieron los tres al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo e, intercambiando miradas, sonrieron.
- Vamos a estudiar mucho y hacer muchas cosas buenas por nuestro país- propuso Yong Nam.
- Totalmente a favor- secundó Yun Chol.
- Yo también- Chol Ho no se quedó atrás y mostró también su apoyo.
X
Al día siguiente, los tres chicos, junto con el resto de sus camaradas, emprendieron el camino de la exploración lunar. Un día, durante aquel periodo tan lleno de aventura y nuevas experiencias, recibieron el siguiente mensaje:
“Yong Nam, Chol Ho, Yun Chol, hemos recuperado los satélites cuyas coordenadas encontrasteis y ya están expuestos en el Museo del Espacio. Aquí van unas fotos. Todo lo mejor para la exploración lunar. Vuestros padres”.
Los tres chicos contemplaron las fotos de los satélites, descoloridos por el paso del tiempo y con marcas de colisiones varias, valiosos vestigios históricos de los éxitos alcanzados por los pioneros espaciales, testimonio directo del espíritu de aquellos chicos, que no olvidaban los logros de las generaciones anteriores y quisieron preservarlos para siempre.
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